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Miercoles 19 de Marzo del 2014
"¿Y si empezamos a pensar cómo nos unimos al 'programa' del Papa?"
El prelado resaltó el "sentido programático" del escrito y advirtió que no percibe aún que se haya asumido el texto en este sentido; también advirtió que el tema central es el "anuncio" del Evangelio y convocó a su lectura, reflexión y aplicación.

El arzobispo rector de la Pontificia Universidad Católica Argentina, monseñor Víctor Manuel Fernández, reflexionó en este aniversario sobre la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, primer documento pensado y redactado por el Santo Padre. El prelado resaltó el "sentido programático" del escrito y advirtió que no percibe aún que se haya asumido el texto en este sentido; también advirtió que el tema central es el "anuncio" del Evangelio y convocó a su lectura, reflexión y aplicación.

Monseñor Fernández recuperó las principales enseñanzas de cada capítulo de la exhortación apostólica. Obsevó que el primer capítulo "es una propuesta de reforma misionera de toda la Iglesia", mientras que el segundo deja una mirada sobre la realidad actual. El tercero, a su juicio, "rechaza un cristianismo elitista y convoca a todos a ser verdaderos sujetos activos y no meramente objetos de la acción de la Iglesia". El arzobispo también subrayó la dimensión social del anuncio y la mística que debe rodear el misionero.

Por pedido de esta agencia, el arzobispo destacó algunas "perlas incisivas" y llamó a dejarse interpelar para comenzar a vivir el anuncio del Evangelio como el Papa aconseja.

¿Y si empezamos a pensar cómo nos unimos al “programa” del Papa?

En Evangelii Gaudium, primer documento pensado y redactado por él mismo, el Papa propone un camino de alegría, el gozo de abrirse a Dios y de hacer el bien, con el objetivo de levantar el ánimo a la Iglesia y las personas que trabajan y luchan por objetivos nobles. A los cristianos les recuerda que “Jesucristo también puede romper los esquemas aburridos en los cuales pretendemos encerrarlo, y nos sorprende con su constante creatividad divina. Cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan nuevos caminos”.

Es destacable que el Papa mencione que no es un documento más, sino que tiene “sentido programático”, y además reclama: “Exhorto a todos a aplicar con generosidad y valentía las orientaciones de este documento, sin prohibiciones ni miedos”. Debo decir que no advierto todavía que hayamos asumido ese sentido programático, porque eso implicaría que nos pongamos a repensar nuestras opciones y tareas en orden a participar de este programa.

Cabe precisar que el tema del documento no es la evangelización en general, sino, como lo dice el subtítulo, el “anuncio” del Evangelio. Pocos advierten este matiz. Eso explica los temas que se tratan, su extensión, el estilo con que se desarrollan, y los temas que no se tratan.

1. Síntesis de las propuestas que nos interpelan
El primer capítulo es una propuesta de reforma misionera de toda la Iglesia, donde recuerda que “también el papado y las estructuras centrales de la Iglesia universal necesitan escuchar el llamado a una conversión pastoral”. Eso nos interpela a todos a que hagamos lo mismo con nuestras propias tareas. Pero reconoce que aun el modo de presentar el mensaje debe ser profundamente revisado, de manera que “llegue a todos sin excepciones ni exclusiones”. Pide que, por una razón misionera, no se ponga tanto el acento en cosas secundarias y que el anuncio se concentre “en lo esencial, que es lo más bello, lo más grande, lo más atractivo y al mismo tiempo lo más necesario”. Repite aquí que es necesario cuidar una “adecuada proporción” y colocar las cosas en su contexto, y reprocha que se hable “más de la ley que de la gracia, más de la Iglesia que de Jesucristo, más del Papa que de la Palabra de Dios”, porque así el mensaje deja de tener “olor a Evangelio”.

Habla además de costumbres de la Iglesia que ya no prestan el mismo servicio de antes en orden a la transmisión del Evangelio, y reclama: “No tengamos miedo de revisarlas”. Cada comunidad verá qué le dice esto a sus propias costumbres, pero lo importante es tener claro el objetivo: “la transmisión del Evangelio”. Propone una Iglesia con las puertas abiertas, y no se refiere sólo a los templos. Dice con profunda ternura: “la Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas”. ¡Cuántas consecuencias preciosas tendría que aplicáramos todo esto en nuestras diócesis, parroquias, movimientos e instituciones!

El segundo capítulo es una mirada sobre la realidad actual. Allí se expresa con un lenguaje profético. Critica con dureza las teorías del derrame económico, que no se hace cargo de los excluidos, y dispara contra “una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante”. También apunta contra la obsesión por la inseguridad que no se ocupa de atacar sus causas: “Cuando la sociedad abandona en la periferia una parte de sí misma, no habrá programas políticos ni recursos policiales o de inteligencia que puedan asegurar indefinidamente la tranquilidad”. Otra novedad de esta mirada a la realidad es el gran espacio que da a los defectos y tentaciones de los que desarrollan tareas en la Iglesia, tentaciones que han debilitado mucho el fervor de la Iglesia. Es muy incisivo al relatar esas tentaciones, especialmente la mundanidad espiritual, el apego a formas del pasado o a doctrinas rígidas, la búsqueda de poder, de gloria o de dinero dentro de la Iglesia. Sin duda, está reclamando una profunda conversión eclesial que haga nacer otro estilo, otro perfil de evangelizador.

El tercer capítulo se detiene en el anuncio del Evangelio. Rechaza un cristianismo elitista y convoca a todos, reconociendo a los pobres y sencillos como verdaderos sujetos activos y no meramente objetos de la acción de la Iglesia. Esto supondría desarrollar una “pastoral popular”, que todavía es una deuda pendiente. También se detiene largamente a proponer un camino para la preparación de la homilía, porque “son muchos los reclamos que se nos dirigen en relación con este gran ministerio” y reconoce que los fieles sufren mucho escuchando las predicaciones de los sacerdotes. La extensión de esta parte sobre la homilía indica que no es un asunto menor, sobre todo si tenemos en cuenta que el tema específico del documento es el “anuncio” del Evangelio. Por otra parte, las indicaciones prácticas que ofrece el Papa también pueden ser útiles para los laicos en cualquier otra forma de anuncio que ellos puedan realizar. El estilo kerygmático que propone para la catequesis es revolucionario. No veo todavía a los catequetas revisando los manuales, programas y contenidos en este sentido.

El cuarto capítulo desarrolla de un modo inédito la dimensión social de la evangelización –ante todo, la dimensión social del “anuncio”, que es el tema específico de la exhortación– y las consecuencias sociales de la fe. Retoma de manera profunda y reflexiva la opción por los pobres y vuelve a insistir en la necesidad de una economía diferente, que resuelva las causas estructurales de la pobreza. Pero junto con la cuestión de los pobres se destaca su preocupación por la paz social, en el mundo y dentro de cada país. Este es un gran tema del pensamiento de Bergoglio, cuya densidad pocos advierten. Propone un interesante y elaborado camino para la construcción de la paz social basado en sus originales cuatro principios de conducción. Finalmente, lanza varias propuestas novedosas para el diálogo de la Iglesia con los no católicos, con notable respeto y apertura.

En el último capítulo, explica que no son posibles grandes cambios si no hay un espíritu, una mística que movilice a las personas. Entonces se detiene a exponer cuáles serían las grandes motivaciones que podrían alentar un nuevo compromiso lleno de fuerza y entusiasmo. Son motivaciones que cada agente pastoral debería profundizar en un retiro espiritual y revisar cada mañana. Creo que nos haría a todos mucho bien y soplaría un aire fresco si nos dejáramos movilizar interiormente por esas motivaciones.

El documento tiene un desarrollo claro, reflexivo y argumentativo, que muestra que nuestro sencillo y cercano Francisco es también un gran pensador, pero sin renunciar a su estilo personal. Además, una de las grandes novedades de este documento es que acoge los aportes de episcopados del Congo, de Filipinas, de la India, de Medio Oriente, de Estados Unidos, de Oceanía, etc. Es más, cita autores argentinos. Eso en realidad indica que este Papa ha roto el eurocentrismo. Muestra que hay pensamiento en todo el mundo y que intenta expresar las angustias, las esperanzas y las riquezas de todos. Así, de algún modo, la Iglesia se vuelve más universal. La periferia ha entrado en el centro.

2. Perlas incisivas
Propongo ahora recoger algunos párrafos que me parecen más contundentes y estimulantes. Dan mucho para pensar, porque el Papa Francisco es capaz de decir cosas muy densas e interpelantes en pocas palabras. Pero debo decir que me llama la atención la escasa reacción que han tenido en nuestro país estas palabras tan interpeladoras. No digo que se las rechace, pero me da la impresión que no hemos recogido el guante, como si se tratara de algo que no nos compete demasiado. Algunos buscan el pelo en la leche, pero quizás eso sea solamente un modo de no dejarse interpelar y de evitar todo cambio real.

Una Iglesia en salida y en reforma
“Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se conviertan en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación”

“La Iglesia también puede llegar a reconocer costumbres propias no directamente ligadas al núcleo del Evangelio, algunas muy arraigadas a lo largo de la historia, que hoy ya no son interpretadas de la misma manera … No tengamos miedo de revisarlas”

“Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades.”

La doctrina
“Si un párroco a lo largo de un año litúrgico habla diez veces sobre la templanza y sólo dos o tres veces sobre la caridad o la justicia, se produce una desproporción … Lo mismo sucede cuando se habla más de la ley que de la gracia, más de la Iglesia que de Jesucristo, más del Papa que de la Palabra de Dios”

“A quienes sueñan con una doctrina monolítica defendida por todos sin matices, esto puede parecerles una imperfecta dispersión. Pero la realidad es que la variedad ayuda a que se manifiesten y desarrollen mejor los diversos aspectos de la inagotable riqueza del Evangelio”

“No podemos pretender que los pueblos de todos los continentes, al expresar la fe cristiana, imiten los modos que encontraron los pueblos europeos en un determinado momento de la historia. La fe no puede encerrarse dentro de los confines de la comprensión y de la expresión de una cultura”

Los pobres y la economía
“Algunos todavía defienden las teorías del 'derrame', que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando”

“Se acusa de la violencia a los pobres y a los pueblos pobres, pero sin igualdad de oportunidades las diversas formas de agresión y de guerra encontrarán un caldo de cultivo que tarde o temprano provocará su explosión.”

“Casi sin advertirlo, nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe. La cultura del bienestar nos anestesia”

“El planeta es de toda la humanidad y para toda la humanidad, y el solo hecho de haber nacido en un lugar con menores recursos o menor desarrollo no justifica que algunas personas vivan con menor dignidad”

La propuesta de una nueva fraternidad
“Hoy que las redes y los instrumentos de la comunicación humana han alcanzado desarrollos inauditos, vivimos el desafío de descubrir y transmitir la mística de vivir juntos, de mezclarnos, de encontrarnos, de tomarnos de los brazos, de apoyarnos, de participar de esa marea algo caótica que puede convertirse en una verdadera experiencia de fraternidad”

“Me duele tanto comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aun entre personas consagradas, consentimos diversas formas de odios, divisiones, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecuciones que parecen una implacable caza de brujas. ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos?”

“Queda claro que Jesucristo no nos quiere príncipes que miran despectivamente, sino hombres y mujeres de pueblo… ¡Qué lindo es ser pueblo! ¡Qué plenitud alcanzamos cuando rompemos las paredes, y el corazón se nos llena de rostros y de nombres!”

La sensibilidad social
“¿Dónde está tu hermano esclavo? ¿Dónde está ese que estás matando cada día en el taller clandestino, en la red de prostitución, en los niños que utilizas para mendicidad, en aquel que tiene que trabajar a escondidas porque no ha sido formalizado? No nos hagamos los distraídos. Hay mucho de complicidad. ¡La pregunta es para todos! En nuestras ciudades está instalado este crimen mafioso y aberrante, y muchos tienen las manos preñadas de sangre debido a la complicidad cómoda y muda”

“Hemos hecho poco para acompañar adecuadamente a las mujeres que se encuentran en situaciones muy duras, donde el aborto se les presenta como una rápida solución a sus profundas angustias … ¿Quién puede dejar de comprender esas situaciones de tanto dolor?”

“Dios nos ha unido tan estrechamente al mundo que nos rodea, que la desertificación del suelo es como una enfermedad para cada uno, y podemos lamentar la extinción de una especie como si fuera una mutilación personal”

Los agentes pastorales
“A los sacerdotes les recuerdo que el confesionario no debe ser una sala de torturas … A menudo nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores. Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas”

“Nuestro dolor y nuestra vergüenza por los pecados de algunos miembros de la Iglesia, y por los propios, no deben hacer olvidar cuántos cristianos dan la vida por amor… Ese testimonio me hace mucho bien y me sostiene en mi propio deseo de superar el egoísmo para entregarme más”.



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