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Viernes 14 de Febrero del 2014
Recordaron a Pironio como “el obispo de la paz y la alegría”
El presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe presidió una celebración eucarística pidiendo por el eterno descanso del siervo de Dios cardenal Eduardo Pironio, al cumplirse 16 años de su fallecimiento.

El presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe presidió una celebración eucarística pidiendo por el eterno descanso del siervo de Dios cardenal Eduardo Pironio, al cumplirse 16 años de su fallecimiento. El prelado consideró que el difunto purpurado fue “el obispo de la paz y la alegría, de la Pascua”. La celebración fue organizada por la Acción Católica Argentina y asistieron representantes de la causa de beatificación y la Pastoral de Juventud.

El cardenal Eduardo Pironio “fue un referente de la Iglesia en la Argentina en la difícil década de los años 70”, y su palabra iluminaba no sólo a los fieles en el país, sino también a los de América Latina, dijo, entre otros conceptos, monseñor José María Arancedo en la homilía de la misa que concelebró este domingo 9 de febrero en el santuario de Nuestra Señora de Luján, en acción de gracias y de pedido por la beatificación del cardenal que partió de este mundo a la Casa del Padre hace 16 años. 

El arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina presidió una Eucaristía a la que asistieron cientos de fieles, especialmente ligados a la Acción Católica Argentina y a la Pastoral de Juventud, instituciones a las que el recordado cardenal dedicó gran parte de su esfuerzo pastoral. Concelebraron con monseñor Arancedo el obispo de Chascomús, monseñor Carlos Humbero Malfa, y el obispo auxiliar y vicario general de la arquidiócesis de Buenos Aires, monseñor Joaquín Sucunza. 

El presidente del episcopado recordó que Pironio fue “el obispo de la paz y la alegría, de la Pascua”, y destacó la gran sintonía que tenía con el papa Pablo VI, quien lo llevó a Roma para presidir la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, expresó el arzobispo de Santa Fe. 

El presidente del episcopado agradeció a Dios el camino recorrido por Pironio, a quien conoció como alumno y calificó como “un referente teológico y eclesial”. De él, marcó tres notas fundamentales: fue un “hombre de Dios”, de profunda oración, un profeta que iluminó y se comprometió con su tiempo -lo que le trajo costos, añadió- y un pastor, un hombre del servicio que caminó particularmente con los laicos. 

Monseñor Arancedo recordó su tiempo como obispo de Mar del Plata (1991-2003) y el recuerdo imborrable de la acción del cardenal Pironio: “Por donde iba, me decían «Aquí estuvo Pironio…». Estamos recordando a alguien de quien somos testigos, y este testimonio se refleja en la causa de beatificación, en cuyo camino ya es siervo de Dios”.

Antes de concluir la concelebración, el obispo de Chascomús, monseñor Carlos Malfa, quien fue por muchos años secretario de Pironio, dirigió una oración ante la tumba -ubicada en la nave izquierda del santuario-, junto con los vicepostuladores de la causa de beatificación y representantes del Instituto de Pastoral Juvenil “Cardenal Eduardo Pironio”. Por su parte, la Acción Católica depositó una ofrenda floral. 

El arzobispo de Santa Fe también valoró el esfuerzo de todos los presentes por participar de esta celebración, en una jornada dificultosa para trasladarse debido a las fuertes lluvias, que entre otras consecuencias obligaron a cerrar la terminal de ómnibus de Luján. 

Reseña biográfica

Eduardo Francisco Pironio nació en Nueve de Julio, provincia de Buenos Aires, el 3 de diciembre de 1920 y murió en Roma el 5 de febrero de 1998. Completados sus estudios eclesiásticos en el Seminario San José, de La Plata, fue ordenado sacerdote el 5 de diciembre de 1943. 

Tras su ordenación fue nombrado asesor eclesiástico de los Jóvenes de Acción Católica (AJAC) de la diócesis de Mercedes, y posteriormente fue designado Asesor Nacional de la Acción Católica Argentina. 

Fue obispo auxiliar de La Plata y luego obispo residencial de Mar del Plata. Durante un tiempo fue secretario y luego presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam). En 1975, el papa Pablo VI lo llamó a Roma y lo designó prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. 

Más tarde, Juan Pablo II lo designó presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, desde el que promovió las Jornadas Mundiales de la Juventud. Falleció el 5 de febrero de 1998; apenas ocho años después, más precisamente el 23 de junio de 2006, se abrió en Roma la fase diocesana del proceso de beatificación y canonización, cuyo principal actor es la Conferencia Episcopal Argentina.



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